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8M y Milei: cuando el feminismo se cruza con la reforma laboral y la crisis

  • Foto del escritor: Por Marcia Toranzo
    Por Marcia Toranzo
  • 8 mar
  • 3 min de lectura

En medio de reformas económicas y un giro en las políticas de género del gobierno de Javier Milei, el 8M vuelve a poner en el centro del debate el rol del Estado, la igualdad y las condiciones laborales de las mujeres.


El de marzo de este año llega atravesado por un escenario particular: el gobierno libertario de Javier Milei, el giro en la política estatal hacia las agendas de género y un intenso debate sobre reformas económicas y laborales. En ese cruce de factores, la jornada adquiere una dimensión que excede la conmemoración y se instala como un capítulo más de la disputa política del presente.


Desde mediados de la década pasada, el movimiento feminista argentino consolidó una fuerte capacidad de movilización social y de incidencia pública. El surgimiento de Ni Una Menos marcó un punto de inflexión: el 8M dejó de ser una fecha simbólica para convertirse en una jornada de protesta masiva en la que confluyen organizaciones sociales, sindicatos, partidos políticos y colectivos feministas. A partir de entonces, la agenda de género pasó a ocupar un lugar central en el debate público y en la formulación de políticas estatales.


Ese proceso tuvo uno de sus hitos institucionales con la creación del Ministerio de las Mujeres, Géneros y Diversidad, organismo que buscó articular políticas contra la violencia de género, promover la igualdad laboral y ampliar derechos vinculados a la autonomía de las mujeres. Sin embargo, la llegada al poder de Milei implicó un cambio profundo en esa lógica. En línea con su ideología libertaria, el gobierno cuestionó el rol del Estado en la promoción de políticas de género y avanzó en la eliminación de ese ministerio, planteando que la igualdad debe garantizarse principalmente a través de la ley y no mediante políticas diferenciadas.


El choque entre estas visiones se refleja con claridad en el clima político que rodea al 8M. Mientras sectores del feminismo interpretan las decisiones del gobierno como un retroceso institucional y simbólico, el oficialismo y parte de sus aliados sostienen que muchas de esas políticas respondían a una agenda ideológica que debía ser desmontada. Así, la discusión sobre el rol del Estado en materia de género se convirtió en uno de los frentes de la llamada “batalla cultural” que el propio Milei reivindica.


En paralelo, la agenda económica introduce otra capa de tensión. El gobierno impulsa un conjunto de reformas destinadas a flexibilizar el mercado laboral y reducir regulaciones. Para el oficialismo, estos cambios son necesarios para fomentar el empleo y dinamizar la economía. Sin embargo, organizaciones sindicales y movimientos feministas advierten que una flexibilización del mercado de trabajo podría afectar especialmente a las mujeres, que ya enfrentan mayores niveles de informalidad, brechas salariales persistentes y una fuerte carga de tareas de cuidado no remuneradas.


En ese marco, la discusión sobre la reforma laboral se conecta directamente con las demandas históricas del movimiento feminista. La desigualdad en el acceso al empleo formal, la penalización laboral asociada a la maternidad y la falta de reconocimiento económico del trabajo doméstico son problemas estructurales que atraviesan el mercado de trabajo argentino. Desde esa perspectiva, el temor de muchos sectores es que una liberalización acelerada del mercado laboral profundice desigualdades preexistentes.


Pero el debate no se limita a una cuestión económica. En el fondo, lo que está en juego es la definición de qué modelo de igualdad debe promover el Estado. Para el gobierno libertario, la igualdad se basa en reglas generales que no distinguen entre identidades o colectivos específicos. Para gran parte del movimiento feminista, en cambio, la igualdad real requiere políticas activas que corrijan desigualdades históricas.


El resultado es un escenario de fuerte polarización simbólica. El 8M se convierte así en algo más que una jornada de movilización social: es un espacio donde se confrontan dos visiones sobre el rol del Estado, la justicia social y la forma en que una sociedad aborda sus desigualdades.


En un país atravesado por la crisis económica y por profundas transformaciones políticas, la conmemoración del Día Internacional de la Mujer vuelve a mostrar que las disputas culturales y las discusiones sobre el modelo económico no son procesos separados. En la Argentina actual, ambas se entrelazan y encuentran en las calles, cada 8 de marzo, uno de sus escenarios más visibles.

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