top of page

A 50 años del golpe, la memoria vuelve al centro del debate

  • Foto del escritor: Por Marcia Toranzo
    Por Marcia Toranzo
  • 23 mar
  • 2 min de lectura

A 50 años del golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Argentina no solo recuerda: discute. Este aniversario expone que el pasado sigue vivo en el presente, atravesando la política, la cultura y la forma en que entendemos la democracia.


La última dictadura militar no fue únicamente un quiebre institucional. Fue un proyecto que utilizó el terrorismo de Estado para transformar la sociedad: desapariciones, censura, persecución y miedo como herramientas para imponer un orden. Frente a eso, desde 1983 se construyó un consenso democrático basado en el “Nunca Más”, que convirtió a los derechos humanos en un eje central de la vida política argentina.


Durante décadas, ese consenso pareció sólido. Juicios a los responsables, políticas de memoria y una condena social amplia al terrorismo de Estado marcaron una diferencia con otros países de la región. Pero nunca fue un acuerdo totalmente cerrado: siempre existieron tensiones, silencios y debates latentes.


Hoy, en el contexto del gobierno de Javier Milei, esas tensiones vuelven al centro de la escena. Discursos que reinterpretan los años 70 como una “guerra” o que cuestionan la narrativa construida en democracia reabren preguntas profundas sobre el rol del Estado, la violencia política y los límites de la memoria. No se trata de negar lo ocurrido, sino de disputar su sentido.


En paralelo, la agenda actual, con un Estado que se retrae en lo económico, pero se endurece en seguridad vuelve a poner en discusión cómo se ejerce el poder en democracia. Esto genera incomodidad, apoyos y rechazos, pero sobre todo una fuerte polarización que atraviesa a toda la sociedad.


A 50 años, la discusión ya no es solo qué pasó, sino cómo lo interpretamos y qué hacemos con ese pasado. La memoria deja de ser un acuerdo estático y se transforma en un terreno de disputa política, donde se define no solo la historia, sino también el rumbo del presente.


Porque en Argentina, el pasado no está cerrado. Y cada generación vuelve a preguntarse qué significa realmente decir: Nunca Más.

Comentarios


bottom of page