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Femicidio en Santa Fe: avanza la causa por el crimen de Silvina Drago

  • Foto del escritor: Por Marcia Toranzo
    Por Marcia Toranzo
  • 4 abr
  • 2 Min. de lectura

El asesinato de Silvina Rosa Drago, ocurrido en barrio Candioti Norte y ya bajo investigación como femicidio seguido de suicidio, sigue generando conmoción en la ciudad. El caso expuso, una vez más, cómo la violencia de género atraviesa todos los ámbitos y continúa siendo una deuda urgente de la sociedad.


La ciudad de Santa Fe quedó sacudida por un crimen que no solo conmovió por su brutalidad, sino también por lo que dejó al descubierto: la persistencia de la violencia de género incluso en entornos atravesados por la educación, la ciencia y el reconocimiento público. La víctima fue Silvina Rosa Drago, una destacada docente universitaria e investigadora del CONICET, asesinada en su propia casa en un hecho que la Justicia investigó como femicidio seguido de suicidio.


Drago, de 56 años, fue encontrada sin vida en su vivienda del barrio Candioti Norte con múltiples impactos de bala. En el mismo lugar también fue hallado muerto su pareja, señalado como el principal sospechoso. Las pericias descartaron un intento de robo o ingreso forzado, lo que reforzó la hipótesis de un crimen en el ámbito íntimo, uno de los escenarios más frecuentes de la violencia machista.


El caso adquirió una dimensión aún más significativa por el perfil de la víctima: una profesional con más de tres décadas de trayectoria académica, investigadora reconocida y referente en su campo. Sin embargo, su historia volvió a evidenciar que la violencia de género no distingue niveles educativos, profesiones ni trayectorias. Puede atravesar cualquier clase social y manifestarse puertas adentro, muchas veces lejos de la mirada pública.


Según datos oficiales y de organizaciones especializadas, la mayoría de los femicidios en Argentina ocurren en contextos de relaciones de pareja o expareja, y en espacios privados. Este patrón se repitió en el caso de Drago, donde el hogar habitualmente asociado a la protección se convirtió en el escenario del crimen.


Especialistas en género advirtieron que estos hechos no suelen ser episodios aislados, sino el desenlace de situaciones previas de violencia que, en muchos casos, no llegan a ser denunciadas o visibilizadas a tiempo. El círculo de violencia, que puede incluir control, aislamiento, violencia psicológica y escaladas progresivas, suele quedar oculto hasta que se produce el desenlace más extremo.


La conmoción generada por el asesinato de Drago también reabrió el debate sobre la necesidad de fortalecer los mecanismos de prevención, asistencia y acompañamiento para personas en situación de violencia. Organizaciones feministas insistieron en la importancia de políticas públicas sostenidas, acceso a redes de contención y mayor sensibilización social para detectar señales de alerta.


En el ámbito científico y universitario, colegas, estudiantes y autoridades expresaron su dolor y reconocimiento a la trayectoria de Drago, al tiempo que reclamaron justicia. Pero más allá del homenaje, su muerte interpeló a toda la sociedad: ¿qué herramientas faltaron para evitar este desenlace?


El femicidio de Silvina Drago no fue solo un caso policial. Fue un recordatorio urgente de que la violencia de género sigue siendo una problemática estructural que requiere respuestas integrales y un compromiso colectivo para prevenirla.

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